Historia del Domingo de Resurrección.
Los escritores de D. Juan Ocaña Prados, en su libro “Apuntes para la Historia de la Villa de Móstoles”, y D. Koldo Palacín Ara, en su libro “Móstoles, Memorias de un Pueblo”, describen como se venía celebrando “El Encuentro” en los años 1904 – 1908, que es prácticamente igual al que se viene celebrando en la actualidad, con la novedad del cambio de recorrido en el que se venía realizando. En aquella época se celebraba en la plaza de la Constitución y, posteriormente se vino celebrando en Calle Antonio Hernández, quedando la ubicación actual en la Plaza de los Cuatro Caminos.
Durante la guerra civil española, la imagen de Cristo Resucitado fue destruida al igual que el resto de las imágenes de la Iglesia. La imagen actual del Cristo Resucitado, para la procesión de El Encuentro, fue donada a la Parroquia de Nuestra Señora de la Asunción por Dª Consuelo Manzano Gómez (d.e.p.), en el año 1943 aproximadamente. La devoción que El Encuentro produce entre los asistentes es un hecho entre los mostoleños y visitantes, el arraigo y la espera que se produce año, tras año, para recibir la Resurrección como lo que es, un gran día para todos los creyentes.
El pueblo acude a ver a las dos imágenes, que venera y celebra, acuden sabiendo que, como cada año, esta procesión marcará su fe con cada paso de este momento de gloria, el Domingo de Resurrección. Esperan con devoción que las imágenes pasen por debajo de esos arcos. Preparados con mimo y esmero, como antaño, para que luego esos mismos feligreses, quieran conservar, parte de estos arcos bendecidos por el paso de la madre y el hijo, de la Virgen y el Cristo.Es misión de esta Cofradía, mantener vivo el culto, y esta, sin duda ya tradicional y celebrada, procesión de el Encuentro, tratando de mantener viva la fe y la memoria de todos aquellos que desean sentir la felicidad del Cristo Resucitado.
La Fiesta de Resurrección.
Nada mejor que releer las palabras escritas por D. Juan Ocaña Prados, donde nos describe la Festividad del Encuentro de la siguiente manera, como fue y sigue siendo:
“Después de los días tristes y melancólicos de la Semana Santa dedicados a recordar las terribles escenas del drama, cuyo desenlace tuvo efecto en el monte de las claveras, con la crucifixión del Divino Jesús, parece que el alma espera anhelante el momento de la resurrección para inundarse de alegría y entregarse al placer que en los cristianos produce tan fausto acontecimiento. Por eso, al llegar el sábado de gloria y anunciar las campanadas con sus alegres sonidos que el Divino Maestro resucitó y subió a los cielos, siente el pueblo cristiano inmenso regocijo, cual si en aquel momento se disipasen las tinieblas y alborease un nuevo y esplendente día.
Esta fiesta, que con tanto entusiasmo celebra el orbe católico, tiene en Móstoles un carácter especial, y vamos a describirla. Desde las primeras horas de la mañana del Sábado Santo empiezan a construirse por cuenta del Ayuntamiento arcos de romero florido en la plaza de la Constitución, que suelen quedar terminados al medio día y colocados: uno a la entrada de la Plaza, frente a la calle del Gato; otro en el extremo opuesto, donde empieza la Travesía del Pradillo; y un tercero, junto a la Ermita de la Virgen de los Santos. En la parte superior de ellos se coloca una cruz, también de romero, adornada con bastantes naranjas y limones; arcos que son custodiados, durante la noche para evitar que algún mal intencionado trate de quitar las naranjas.
Apenas la alborada con sus más tenues claridades anuncia la proximidad del día de Pascua de Resurrección, despiertan al vecindario los regocijados sones de las campanas de la Iglesia, que son volteadas con celeridad, llamando a los fieles, y los acordes de la música que va en busca de los Mayordomos y del Ayuntamiento para asistir a la ceremonia sagrada. Llénase el templo de fieles que acuden a presenciar el acto de que Cristo y la Virgen se encuentran en su carrera. Al efecto, un sacerdote acompañado de dos monaguillos y de los Mayordomos del Cristo se dirigen desde la Iglesia a la Ermita para sacar a la imagen de Jesús resucitado, adornada modestamente, dirigiéndose en procesión con ella a la plaza. A la vez y calculado el tiempo preciso para que resulte bien la ceremonia, sale de la Iglesia parroquial el Clero y el Ayuntamiento, acompañados de numeroso público, llevando en procesión la imagen de Nuestra Señora de la Asunción, cubierto su hermoso rostro con un velo.
La llegada de la Virgen al arco construido frente a la calle del Gato coincide con la aparición del Cristo por el arco de la parte opuesta. Entonces el sacristán separa del rostro de la Virgen el velo que lo cubre y continúan pausadamente ambas procesiones simulando saludarse por tres veces las imágenes hasta llegar a juntarse. En aquel momento, esperado por el pueblo con recogimiento, rómpese el silencio al cántico del Clero, que entona el ¡Aleluya! ¡Aleluya! La música toca la Marcha Real, las salvas atruenan el espacio y todos unidos marchan a la iglesia, donde se celebra el Santo Sacrificio de la Misa en la que suele predicar un buen orador traído de Madrid con tal objeto, terminando así la fiesta de la mañana. Tan pronto como acaba de pasar la procesión por los arcos, encarámanse sobre ellos chicos y mozos, cogiendo la naranjas y limones que de las cruces penden, y desbaratando los arcos, llévanse las mujeres y los niños todo el romero que pueden coger, teniéndolo como cosa de bastante estimación.”
En la actualidad, más de un siglo después, El Encuentro se viene realizando de la misma forma que se celebraba en aquellas fechas, con el único cambio del lugar donde se celebra, ya que se viene celebrando en la plaza de los Cuatro Caminos, poniéndose un arco, en la calle del Cristo, lugar por donde entra la imagen de Nuestra Señora de la Soledad, con manto negro que ha salido de la parroquia de Nuestra Señora de Asunción, con el siguiente recorrido: Travesía de Ricardo Medem, calle Antonio Hernández y calle del Cristo.
De la Ermita de Nuestra Señora de Todos los Santos, parte la procesión con la imagen de Cristo Resucitado que es llevada por la Cofradía de Jesús Nazareno, bajando por la calle Agustina de Aragón, calle de Juan XXIII, hacia la entrada en la plaza, donde se encuentra instalado otro arco, adornado como el de la calle del Cristo y calle dos de Mayo con romero y tomillo, así como con naranjas y limones y banderitas.
Una vez que las dos imágenes, han entrado en los arcos, pausadamente y dejando por unos segundos los tronos en el suelo, a modo de saludo, y en el momento que los dos tronos tocan sus andas y depositadas en el suelo, se produce “El Encuentro”. En ese momento a la imagen de Nuestra Señora de la Soledad, se le quita el manto negro, dejando a la vista de todos los asistentes su bello manto blanco, a la vez que sus costaleros se quitan su verdugo negro, quedándose a cara descubierta. Suenan las notas del Himno Nacional, se canta el “Resucitó” y “Aleluya”, mientras son soltadas palomas y se tira un pequeño castillo de fuegos artificiales.
Posteriormente, las dos imágenes salen por la Avda. Dos de Mayo, por donde continua la procesión por la Avda. de la Constitución, calle de Ricardo Medem y plaza de Ernesto Peces, donde una vez que han llegado las dos imágenes se celebra la Sagrada Eucaristía.